Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Viendo esta imagen, cuesta evitar la comparación con aquel pasaje bíblico del Apocalipsis, donde cuatro caballeros cobraban vida, en forma de alegoría,  a través del pergamino que dios sostenía en su mano derecha. 

En nuestro tiempo, estos caballeros que aderezan el post también permanecen sostenidos por una derecha -en funciones- mientras se decide el caballo ganador.

Cada uno defendía, en el relato del sagrado libro, su mayor valor a lomos de sendos caballos de color distinto en cada caso: la victoria, la guerra, el hambre y la muerte, respectivamente.

No tenemos caballería, en este segundo milenio recién estrenado, pero sí partidos -nuevos y viejos- que proclaman sus ideas beligerantes sobre colores que tiñen de creencias el espectro social.

Cabe preguntarse, siguiendo con la metáfora, qué jinete le correspondería ser a cada uno de estos políticos. A juzgar por los discursos pronunciados, en la pasada sesión de investidura, muchos podrían dilucidar quién fue el más guerrero; quién el responsable del hambre y el descontento social; quién puede representar la muerte de viejos paradigmas con sus valores por bandera o, por el contrario, quién  se alzará -según criterios personales- con la victoria. Cuestión esta última que merecerá, muy probablemente, una segunda vuelta a las urnas en próximas elecciones.

Dioses, colores y valores de otro tiempo remedados en este, a través de la historia heredada de aquellos que se enfrentaban y morían por imponer sus ideas al otro. No pocos opinan, en este siglo de aparente evolución, que hay un color y un valor por encima de todos: el del dinero. Y que no parecen importar demasiado además los principios humanos que debiera sostener un gobierno digno.

Y no sé qué error es más grave para la salud social, si la pandemia materialista o la lealtad a la parálisis dialéctica de un ayer estático. La gente hoy sigue prefiriendo mantener sus razones a ser feliz, y parece dar igual si son nuevos o viejos tonos, porque se repiten los mismos patrones en el Congreso o en la calle

 

No podemos seguir echando la culpa de aquello que falla en nuestra vida al de al lado; al político de turno (especialmente cuando no es "de tu color") o, en apelación desesperada, al mismísimo dios (en el que cada uno crea si es el caso) echando balones fuera. La responsabilidad es individual y es de todos. Cambiamos el caballo, y decimos para qué... si es "el mismo perro con distinto collar". Sí, un collar morado, rojo, naranja o azul... sin darnos cuenta del arcoíris que todos encerramos a la espera de que salga el sol. ¿Cuánto tiempo tenemos que seguir soportando la lluvia?

Escribir comentario

Comentarios: 0