En qué nos hemos convertido

Dicen que todos los animales representan una virtud sagrada. Una mezcla de estirpe, cultura, carácter y tradición. Este paradójico animal carnívoro que come bambú, en su simbología más totémica (así lo llaman), encierra varios aspectos nada despreciables para la consciencia. En primer lugar, un cachorro tendrá que ser abandonado si la madre naturaleza decide que han de venir dos al mundo (pues mamá osa solo tiene capacidad para amamantar a uno), qué gran injusticia, ¿no? Siguiendo con los contrastes, se ha demostrado que el bambú tiene gran resistencia y flexibilidad, lo que llevado esto al símbolo, nos conduce entonces a la fortaleza, pero al mismo tiempo a la tranquilidad y sencillez de este mamífero. Aparentan una gran ternura y fragilidad que no deben llevarnos, dicho lo anterior, a desdeñar la gran fuerza osuna que encierran. Nos evocan además a: lo exótico; el amor a la libertad, la diplomacia y la diversidad de culturas; la inocencia que nunca debería perderse y, al ser grandes trepadoras de árboles, la conexión con el conocimiento más elevado.

Y yo me cuestiono qué tendrá de totémico el animal humano, cuyo ego ha evolucionado tanto que solo ha aprendido a separarse de su naturaleza, de sus orígenes y del amor que lo empujó a este mundo para algo más productivo que la marca personal. No te diría yo que no se corrompe al llevar sus dones racionales a la más pura competitividad, a la más repugnante arrogancia y al más ínfimo sentido de la consideración hacia el resto.

Es tiempo de ¡Pantojas a la cárcel porque algo habrán hecho! Y no nos tiembla el pulso ya a la hora de emitir juicios sobre los demás, de los que hallamos justificación en la propia magnificencia, que no es sino nuestra pequeña parcela de mundo blindado. Así que condenamos, por supuesto, porque nosotros somos muy dignos y muy pulcros, y los demás...

Tanta barbaridad se me antoja el hecho de escandalizarse por "papeles" robados, como regocijarse en la privación de libertad ajena, la de un ser humano como tú y como yo, aunque fuese un solo día, pero eso sí, clamando justicia (divina, sí, muy divinas todas). "Pocos años le han caído para lo que ha hecho", "las personas no cambian, no se pueden reintegrar en la sociedad".

De dónde sale tanta rabia, si la lógica de la vida nos explica que esta es un espejo, y que algo tendremos que mirar de nuestro propio abismo maquillado, cuando lo que entregamos al resto de la humanidad no se parece al amor... ese que tanto pedimos pero que tan poco estamos dispuestos a dar. 

Hoy me he encontrado con esta noticia, en la cual se cuenta la historia sobre la vida de un preso condenado por algo que él no había hecho, una violación, ni más ni menos. Y cómo los pequeños detalles pueden ahora, poco a poco, devolverle la vida que le robaron. Aunque sea precisamente el tiempo el único tesoro que nadie podrá devolvernos jamás...

Me pregunto cuántas historias manchadas de horror -y también de error en ocasiones- nos producen alivio. Y si, como en el Panda, aprenderemos lo mejor de este, de la ternura, de la  libertad, de no juzgar a la ligera, de la plausible sabiduría, o si, por el contrario, nos conformaremos con la resignación de tener que ser fuertes, como la afilada espada social (que se protege y ataca con la misma determinación), para que la fragilidad, del otro lado de los barrotes, no nos destruya lo humano. ¿En qué nos hemos convertido?

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