Gracias Udima

Lo que plasmo en este instante pertenece a un alto en el camino. Vivo la crisis buena de experimentar el final de una etapa para empezar -inexorablemente- algo nuevo y latente en el cambio. Esto ilusiona, pero asusta, especialmente cuando inviertes todo tu corazón en la apuesta (que es, por otro lado, mi única garantía y certeza de no haberme equivocado).

Hace poco más de cuatro años elegí la alternativa de volver a elegir. Esa espinita clavada que no pasa con la miga de aceptar y resignarse a la insatisfacción personal. En esta reflexión que ahora comparto me doy cuenta de que una nunca deja de hacer las cosas mal; de errar; de confundirse... Pero sí hay que dejar de culpabilizarse por circunstancias que no son sino la llave de una evolución y un crecimiento personal. Me doy cuenta también de que cualquier momento es el mejor para ser honesta y agradecida con las situaciones -malas y buenas- y las personas -al final siempre buenas- que te han traído hasta aquí. En esto consiste la vida, en tomar plena consciencia de que si algún pasado -aunque no exista- importa es "el pasado de mañana", es decir, hoy, o más concretamente, ahora. Este instante es el útil, el único, y es, en este caso, el óptimo para dar las gracias y no guardármelas.

La decisión de la que hablo consistió en no perder la oportunidad de volver a estudiar otra carrera, pero esta vez, la que siempre había resonado conmigo. Entre los riesgos y los mares de dudas, elegí la UDIMA, y lo que yo no sabía es lo que me iba a encontrar más tarde detrás de los libros;  detrás del ordenador; detrás de Madrid; detrás de ese gran edificio; detrás de todas y cada una de las personas... e, incluso, detrás -o más bien dentro- de mí.

Había muchas cosas que superar con la promesa de retomar una vida apartada y desviada del tramo de vivir. Tuve además el honor de poder trabajar entre sus muros y aprender de grandes profesionales -cada uno en su papel- junto a los que me sentía, francamente, privilegiada. No todos fueron momentos buenos, pero eran necesarias experiencias que pusieran en cuestionamiento la fragilidad que usurpó la fuerza en algunos baches -por fortuna y por mérito- pasajeros. También vi el talento y la enorme voluntad de compañeros de universidad que, como héroes, decidieron seguir sus sueños sin dejar de lado grandes responsabilidades del día a día. En muchos de ellos encontré además el ejemplo y la motivación para seguir superándome.

Muy probablemente  serán efímeros nombres para vosotros, yo voy a citar auténticos significados que, en este punto del camino, encuentro con nostalgia en la mochila que he de posar.

Como suele decirse, no están todos los que son, pero sí son todos los que están. Recuerdo que la primera joya que vi brillar se llama Álvaro, abrió sendero, y me enseñó que la humildad de un ser humano, no solo no está reñida con ser muy grande, sino que amplifica aun más su magnitud. Yolanda fue profesionalidad y madurez; juventud y ternura. Me enseñó además que no pasa nada y que, si pasa, se saluda. Antonio es un buenos días por la mañana y una sonrisa, aunque el día no esté a la altura. Mar me iluminó antes de "dar la luz" más bonita de su vida. Sarita me recordó que los ángeles no solo están volando, sino que hay muchos sentados haciendo a la perfección su trabajo y caminando con quien les necesita. Gerardo es un interior directamente proporcional a su altura. Ana V. siempre fue bondad y confianza. Alba me demostró con su ejemplo que tras la equivocación del juicio, es también de humanos dar segundas oportunidades. Dani me enseñó a perdonar y a valorar que lo único valioso son las carcajadas que puedas contar al día. De Javier nunca voy a olvidar que el "no", no está bien visto ni en el mensaje publicitario ni en los mensajes de la vida. Margarita es la exigencia cargada de ejemplo. Miguel es distancia y admiración, cercanía y persona. Rodolfo es el niño que nadie debería perder. Eduardo es la voz de experiencias para las que siempre tienes que tener oídos. Joaquín es la virtud de la palabra compañero. Eugenio es la inteligencia disfrazada de sentido del humor. David, templanza. Diego es recordar que la voz del corazón tiene la última palabra y que las palabras son, muchas veces, mensajeras de felicidad. Ana es adrenalina en Bilbao, y Bilbao es César; ambos fuerza y sensibilidad respectivamente. Raúl, nobleza y lealtad. José es ¡tan guapo!. Pedro y Richard, inestimables compañeros de tantos viajes Madrid-Villalaba. Reyes es el coraje de las súper madres de familia. Víctor es graná y es sobresaliente, es elegancia informal. Edu es disfrutar el momento. Las Marías siempre son buenos pilares para dejarse sostener cada mañana. Santi "el buen sabor de boca" que te quedó pendiente de conocer. Andrés es el don de las palabras, la palabra resilencia, el sabio, el digno puesto de quien prefiere saberse útil, siendo importante. Y Arturo... tengo que citar lo que decía El Principito: "lo que embellece al desierto es que esconde un manantial en cualquier parte" , resultando cada trago de agua al que seas capaz de llegar (y esto es mío) algo que se impregna para siempre. 

Por cada persona que no menciono en este post hay seguramente un recuerdo que no olvido. Por cada vez que no supe estar a la altura de esto que escribo, pienso y siento, perdonadme. Por lo demás, muchas gracias UDIMA, por tanto aprendizaje (personal) profesional, y ¡hasta siempre!

 

 

 

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