"Tenía una luna que lo iluminaba por dentro"

Hoy he leído en la prensa un homenaje dedicado a Gabriel García Márquez, quien no hace tanto tiempo se marchara dejando -privilegio de pocos- sus mayores tesoros para la humanidad y para siempre. García Márquez decía que "las personas inteligentes no leen periódicos", y yo me lo creo. No inteligente -para qué-, pero reconozco que me halagó verme en la sección de cultura -imaginándolo a él- al repasar esta sentencia -que comparto- y remedar al maestro.

Reconozco también, ya puestos, haberme emocionado sintiendo un relato de alguien que escribió con cariño y no con palabras cualquiera. Es muy distinto. Sí, he llorando descubriendo lo mejor que había en el diario. Siempre hay una alegría dentro de una tristeza, todo es dar con ella.

En esta crónica tan amplia, se habla de los últimos años del escritor, cuando tristemente ya se había despedido de la memoria que tanto le valió. En este sentido, algo que él debió de decir (al encontrarse con un hermano que ya no podía recordar), me ha empujado fuertemente por dentro: "No recuerdo quién eres tú... solo sé que te quiero mucho". Dicha frase se declara culpable de este post.

Y da qué pensar. Todos hemos gozado con una parte vital de este gran genio (sus libros) pero, de pronto, la vida llega a un punto de difícil retorno en el que lo que no hayas disfrutado, experimentado o vivido intensamente... se apaga. Y da igual como te llames o los homenajes que nunca podrás disfrutar. Simplemente, es así como describía García Márquez la muerte, como una luz que se apaga (...) sobre la cual no podré escribir una novela.

En mi opinión, él creó algo mucho más importante que eso. Porque a partir de la muerte se cambia el guion, no sé quién será el protagonista, pero en la película de la vida tal vez hubieron demasiados "corten", ¿no?

Tantas novelas de éxito para, tan solo, ser recordado. Estoy convencida que en el filo de su adiós poco le importaban todas  esas generosas palabras inmortalizadas bajo su impronta. 

Emilio Sánchez Alsina, autor de tan conmovedor escrito, definió al nobel como alguien que "tenía una luz que iluminaba por dentro". Y creo que eso ni la muerte lo acaba. Pero es necesario aprender a encenderlo cada día con todos los voltios del corazón.

No recuerdo quién eres tú, solo sé que te quiero mucho... Posiblemente baste con esto, y poder pronunciar la frase a los cuatro vientos  y con el alma, el último día de nuestra vida... Estoy convencida de que, poder sentirlo, será nuestra mejor obra.

Recordar a las personas no por lo que son, sino por lo que significan. Recordar gracias al amor y no a los esfuerzos de la memoria. Por favor, piénsalo, ¿y si solo sirviese el amor de combustible para este escaso capítulo de ti?

 

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