Mariano Alameda encuentra la causa en el efecto

Mariano Alameda dio un portazo a la puerta de clase y salió, dejándose de personajes, para entrar en el Cosmos que siempre inundó las raíces de su mente inquieta.

Quitándose el traje de un éxito relativo, descubrió -no sé si dentro o si fuera- el poder de un héroe absoluto y humano.  El superpoder  de sabernos invisibles desde siempre, cuando vamos emergiendo de la sombra de la identidad. Comprendí que para ser astros solo hay que recordarlo y que tan solo es esa luz lo que -de nosotros- nos pertenece (para ser dada).

Cual Morfeo, nos  ha enseñado a bucear en el sueño que un día creamos, con solo medio ojo abierto, en el colosal submundo de la vida. Hemos aprendido, cogidos de su mano, que en las frágiles estructuras de la incoherencia y en los sólidos fantasmas de la emoción descansa la terrible pesadilla que nos hemos contado pensando que eran otros.

De esta forma, como Mercurio, nos ha acercado el conocimiento que no encontró en las aulas ni en los medios ni creyendo en la sociedad, y que además no caduca, como el Nahual. Y entre tanto sinsentido podemos hoy saber que dejar de dar la espalda al amor es despertarnos. Que desde la paradójica congruencia, con la mirada lúcida hacia lo que todo lo une, sería bueno atreverse a desandar lo pasos, marcha atrás, llegando y atravesando, en el después del ahora, ese colosal miedo que jamás existió... aun pareciendo todo cuanto había.