Escépticos de la realidad

Estoy aquí, pensando, entre las cuatro paredes más blancas que recuerdo y entre las cuatro horas más largas del día. Así nace este post -de pocas pretensiones- que me apetece empezar ahora, aunque confieso no tener ni la menor idea de cómo o dónde acabará.

Bastante a menudo algun@s me suelen recordar que quienes hablamos de "cosas cuánticas" estamos de la cabeza fatal. Especialmente porque -aseguran- lo utilizamos en contextos inapropiados y con pocos conocimientos de causa. En parte no van desencaminados, porque -he de admitir que- no sé mucho de física cuántica (no pretendo hacer un cursillo acelerado para esquivar los egos furiosos), ni pretendo -ni por asomo- dar esa impresión.

 

Inmersa en la sobriedad de una habitación de hospital, tan física en apariencia, una debe de seguir también luchando por -lo cuántico de- su información periodística y valiosa (que es más de tod@s y de todo lugar). Y hablando de "todo", la palabra cuántico (del latín) significa, precisamente, cantidad. ¿Cantidad de qué? En su ámbito primigenio de la física: de energía y de materia. En la RAE, por su parte, define el "cuanto" (de energía) como la cantidad indivisible de energía, proporcional a la frecuencia del campo al que se asocia (bastante interesante esta definición por lo que expresaré después). De otro lado, yéndonos a una denominación menos rigurosa y más amplia, encontré una frase que lo explica de otro modo y que, por cierto, me chifla: es la ciencia que estudia los fenómenos desde el punto de vista de la totalidad de las posibilidades

 

Información... cantidad... totalidad de las posibilidades...

 

La cantidad de información de la que solemos servirnos a diario parece entonces solo una parte de la realidad (material) que -en ningún caso- habla de la totalidad de la misma (verbigracia, energía otra vez). Consumimos información que opera en cantidades industriales, de escasa variedad y, sobre todo, de una calidad pésima para quienes consideren que eso de la cantidad no es tan relevante (y para nuestra salud mental).

 

Llegados a este punto me gustaría haceros pensar. Jugar con la ambigüedad de lo que a veces escribo. Y prometeros, por lo más sagrado que se os ocurra, que no me he enchufado la mascarilla terapéutica que le ponen a mi abuelo (aquí tumbado).

 

Por cierto, ¿se puede medir ese pensamiento que pretendo provocar en ustedes? puede que en sí mismo no, aunque sí puede medirse la actividad mental. La marcha cerebral, susceptible  de ser registrada, acoge un importante componente electromagnético.  En este sentido, la tecnología GDV (Bio-Well), empleada para la medición por el profesor de la Universidad de San Petersburgo, Korotkov, registró el momento en el que un pensamiento es capaz de salir de una persona y cómo, ese "paquete energético", llegaba a otra persona de manera simultánea (aunque estuviesen a kilómetros de distancia). Dicho de esta forma, podemos verlo, cual perfecto artilugio de estos tiempos, como si fuéramos auténticas antenas que manejan constantemente señales electromagnéticas. Las antenas son unos dispositivos capacitados para enviar y recibir información gracias al fenómeno de la resonancia. Así, son capaces de emitir y de ser receptoras de determinadas frecuencias, como también de sintonizar con determinada información. Por eso, no son pocos los científicos que sostienen la hipótesis de que los seres humanos (de forma muy similar al funcionamiento de algunas antenas) nos afectamos, los unos a los otros, a través de nuestros pensamientos -consciente o inconscientemente- cuando vibramos y sintonizamos en las mismas frecuencias, como las cuerdas de un violín.

 

Puede que me esté poniendo muy "física cuántica" en contra de mi voluntad, pero solo estoy en modo "mi amado periodismo cuántico"... Quiero unir lo que existe para alcanzar -y mostrar- teorías útiles para la vida que desafían lo viejo, como por ejemplo da del desdoblamiento del tiempo, del doctor en física, Jean Pierre Garnier Malet. Estudios que evidencian el potente poder creador de nuestro pensamiento para sembrar la semilla de una REALIDAD, consciente o inconscientemente (eso también es verdad), de la que no solemos hacernos responsables. De aquí emerge la importancia de ser positivo y, en especial, de ser conscientes.

 

Ahora somos capaces de entender que lo semejante atrae a lo semejante de manera científica y demostrable; que quienes permanezcan en una frecuencia igual recibirán y emitirán su información retroalimentándose y encapsulándose, un@s a otr@s, en su verdad. Una verdad que, a menudo, no es de ell@s (ni completa), sino más bien de -otros- medios (de comunicación) globales, ajenos a su consciencia. Y, para más datos, una frecuencia que quedará, tan profusamente como sea  manejada, registrada en el ambiente por los siglos de los siglos de la Historia personal y colectiva (memoria global, lo llaman). Decía el mismo físico francés que "si nadie en la tierra pensara en matar, no existiría ningún futuro potencial asesino" (según la argumentación de la teorías mencionadas). Rupert Sheldrake, en su postulado de los campos mórficos, explica la existencia de un espacio donde todo -lo ocurrido en el pasado- se graba (principio auto-organizado de memoria natural), y estará disponible para toda aquella persona que resuene en esa misma frecuencia.

 

En fin, que el utópico mundo feliz pertenece al guardián de nuestra conciencia; del mismo modo que aquellos hechos trágicos y horribles que otros cometen son perpetuados por quienes se recrean en ellos sin descanso, bien porque los emitan, bien porque los reciban en cualquiera de sus formas posibles. No es menos cierto además que vivir del pasado es correr el riesgo de caer en ese espacio laberíntico de pensamientos sin salida que conserva la humanidad.

 

Antes le he preguntado a mi abuelo (que siempre dice orgulloso estar a uno de noventa) si tenía miedo a la muerte. Y me ha dicho él: ¡Claro que no! He vivido "a tope" hasta ahora y estoy convencido de que "algo" (y repitió, "algo")  tiene que haber para que todo en el mundo sea tan perfecto. Todo un señor que, sin estudios, sabe, intuye y encierra en su Ser arduas teorías que simplemente están siendo descubiertas (estaban pero cubiertas); que asume como real lo invisible a sus sentidos físicos,  y que ha vivido con salud -y mucho tiempo- gracias a este toque positivo que maneja  con integridad, como si en el nítido recuerdo de su experiencia no hubiera pasado una guerra, crudezas de todo tipo o escasez material. Las penurias de otros tiempos le regalaron un apasionado amor por la vida y una fe inconmensurable por su parte bella... Algo que, sin duda, me han dado mucho en qué pensar... Yo creo que tengo un abuelo exactamente cuántico :)

 

Y tú... ¿qué piensas?

 

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