Sin-razón

Hoy no puedo acostarme sin un pequeño post que necesita volar por este blanco inicio. A veces no pienso detenidamente por delante de la tecla, pero, si supierais con cuánto amor escribo lo que digo… estas humildes letras serían más relevantes de lo que efectivamente son.

Con razón, puedo citar a las fuentes potables, generalmente consideradas fidedignas y muy especialmente en  la profesión que elegí.  En este sentido, la RAE es la norma consuetudinaria comúnmente aceptada, por culta, en pro del orden, y es mi deber contribuir a cualquier intento para entendernos -al menos- mejor a través del lenguaje. Define a la “razón”, en una de sus acepciones menos ambiguas, como: argumento o demostración que se aduce en apoyo de algo. Me gustaría mostrar en qué me apoyo, muchas veces yo inocente de mí, para desarrollar este blog.

Hoy hablo en rigurosa primera persona, como tantas y tantas veces. El hecho de emplear otra conjugación puede darme, en ocasiones, el atrevimiento aparente de poseer la verdad. En realidad, cuando soy tan presuntuosa de escribir lo que siento, a menudo es porque siento que con el verbo, escogido deliberadamente y en son de paz, integro -o intento- lo socialmente irreconciliable. De este modo entiendo que tan solo el malentendido entre lo emitido y lo recibido es susceptible de resultar ofensivo,  y, en cualquier caso, de ser así lo lamento de corazón.

La validez del conocimiento se basa, por acuerdo, en lo que muchos antes dijeron, no es empírico –aún hoy- lo bueno que sintieron, intuyeron, imaginaron o visualizaron con fe de un modo cierto.

Sirva todo esto para expresar que me hace respirar y dormir tranquila saber de primera mano que no cargo con la losa de la razón ni de la sinrazón. Eso me ataría demasiado. Plantearme la posibilidad de estar equivocada  en mi opinión nunca podrá preocuparme, pues no estoy sujeta a ella. Muchas veces lo he hecho –lanzarme al cambio-, por fortuna, a lo largo de mi vida (si nada es inmutable, ¿por qué iba esto a serlo?). En cualquier caso, un@ desea equivocarse cuando juzga, cuando hiere, cuando odia, cuando rechaza, cuando ofende, cuando aísla… y desea haber dado con sutiles destellos de luz cuando ama, cuando integra, cuando perdona y cuando pone su corazón en ladrillos endebles, en la construcción de la compasión y el servicio a los demás.

 El problema se plantea para aquella persona de cuya razón dependa un intrincado sistema de creencias, siempre frágil en el supuesto de caer, porque algo se rompería por dentro si lo hiciera. Los conceptos nos idean pero no al revés; a imagen y semejanza vamos cayendo en ellos con una ilusión de control sobre aquello que nos posee, eso que nos hace enfrentarnos , por encima de todo, a lo único que es cierto: nuestra unidad con el medio (todo el medio). Tú opinas diferente, está bien. No creo que estés equivocado por manifestar aquello que en este momento sientes, cargado con los recursos que te convierten en lo único que ahora mismo puedes ser y que, por alguna razón que algún día conocerás, te llevan a hacer lo único que ahora mismo podías haber hecho. No hay culpa ¿culpa de qué? así es perfecto. Existe responsabilidad, y la buena noticia es que cada instante es una –no buena sino- óptima oportunidad para perdonarse (por nada).

En fin, que cada paso de consciencia es un proceso de relajación. La meditación introspectiva consiste en ser plenos y conscientes del momento presente, en todo caso y en cada intento por pretenderlo (tomar consciencia). Un momento mágico que nos libera de nuestras pequeñas razones o de extrañas razones ajenas, para abrigarnos de la única razón de vivir: ser (y serlo felizmente). Celebro el convencimiento –con la razón personal- de que no somos aquello que verbalizamos parecer al exterior, sino aquello que duramente escondemos porque -y por- las circunstancias de la vida nos experimentan para el recuerdo de la esencia. Es fantástico. No eres tu disfraz; no eres tu profesión; no eres tu clase social; no eres tu país; no eres lo que los demás juzgan o lo que  hicieron de ti; no eres lo que hiciste ni tus planes; no eres lo que piensas, tus razones… Eres lo que eres. Eres lo que viniste a ser y esto nos convierte, lo creas o no, en la misma e inmensa cosa.

¡Qué nuestras razones no nos conviertan en la sinrazón de vivir para creaciones poco generosas con el resto!