Rabiosa reflexión

Alguien me dijo una vez -y puede que me repita- que, para cometer una masacre y crear una obra de arte, a veces, era necesaria la misma cantidad de rabia. Y esta persona no creía referirse a que hay rabias de mejor calidad que otras, sino al uso que hacemos de ella y de cualquier otra emoción.

 

Creo que ese día, tras darme cuenta de esto, aprendí el concepto de responsabilidad de una manera más honesta conmigo. Y dejé de elegir a la carta lo que quería sentir. Y dejé de darle una valoración a lo sentido.

 

Me di cuenta además de las masacres que dejé por el camino y empecé a pintar Capillas Sixtinas con la rabia, que no era por culpa de nadie ni de la vida, sino únicamente responsabilidad de esta que firma.

 

Tal vez la lacra del sufrimiento, que -triste o felizmente- no nació de las palabras, sino en lo que hicimos de ellas, algún día pueda ser contemplada como el octavo arte.

 

Si la rabia y el sufrimiento fuesen aceptados como parte de la vida, de la misma manera que yo acepté la autoría de mis obras, nadie tendría miedo a sufrir ni perpetuaría las masacres que producen -siempre- otros con una rabia como la nuestra.

 

¿Y si la grandeza de lo bello residiera en el ejemplo de aquello, hermoso, que podemos hacer con lo que no nos gusta?