Al llegar el final de la carrera recordé dónde empezó todo. Sabía que elegí la comunicación incluso antes de entender cuál era el motivo de mi propio rumbo.

En mi rutina hubo un momento crítico con ganas de bajarme del mundo. En cualquier milésima de segundo, lo único que te pide la vida es que sigas; que estés; que no te pares.

Yo no podía ser nada, profesionalmente hablando, mientras no supiese quién había en mí, en mi soledad, en mis conversaciones conmigo. Para ello tuve que pararme. Comprendí que fuera era lo que socialmente se esperaba de alguien de mi edad y dentro todo era vacío... y más vacío cuanto más ruido consumía para amordazar la responsabilidad de atreverme a descubrir lo profundo, que no suele coincidir ni con lo cómodo ni con lo comercial.

Devolver-me-a-la-vida. Esa es la expresión que siempre uso para definir la bulimia. Aprendí a convivir junto a la enfermedad algo más de un lustro. A ella le debo algunas de las más valiosas lecciones para poder descubrir la coherencia de pensar, decir y sentir con integridad y lealtad a una misma.

Los mayores conflictos con los que ha de lidiar un entusiasta del mundo material, bajo mi punto de vista, son enfrentarse al desapego y a la falta de amor hacia la imagen que le devuelve el espejo (desde este ángulo, maldito y no mágico). 

Yo probé de estas dos crueldades al tiempo, sintiéndome equivocadamente la MÁS INCOMPRENDIDA de la tierra. ¿Dónde está la motivación? Si la gente que queremos se nos va, si a nosotros mismos no nos queremos... ¿Dónde está el sentido de estar?

El día que mi mente repetía de manera compulsiva: nunca me voy a curar, me di cuenta que la luz circular, cuando miraba hacia arriba, cada vez era más pequeña y que, efectivamente, debía encontrarme ya en el fondo del pozo muy lejos de la salida.

Sombra y luz. Sentada en la oscuridad, con la mirada en el pequeño cielo al final de un pozo interminable, entendí que esto era yo. No llegué a esa conclusión de una manera intelectual, "la más pobre de las facultades del ser humano" (que se basa en la experiencia acumulada), sino más bien respirando la emoción de no querer mirar arriba y respirando la emoción de saber que el cielo, afuera, sigue siendo igual de grande por mucho que se quiera  ignorar.

Entonces me levanté. Me puse en marcha. No sería fácil salir, pero por cada paso la luz se haría más grande si la decisión era, rotundamente, acercarme a ella. Era el único camino: un instante, una decisión y voluntad para lograrlo. Luz y sombra, eso somos, ¿dónde ponemos la atención? Si la vida es las dos cosas, cómo elijamos vivirla solo depende del enfoque escogido.

Y salí. Recorrí un camino necesario, que se hacía más nítido cuanto más luminoso dejaba que fuera.  Ahora no sé si me curó la luz o la sombra, pero no fue la imagen del espejo, esa que nunca me tendió la mano y a la que brindé la dirección de mis peores pasos.

Es un misterio. La vida es un misterio dirigido por lo invisible, lo que no podemos ver con sentido físico. La vida se siente y se comprende integrando esa luz que todos encerramos, pero que -infinitamente- nos trasciende y, de la misma forma, aceptando los fantasmas de nuestro abismo interior (cuanto más pongamos nuestro empeño en luchar contra ellos, más grandes, más terribles, más importantes los volvemos). Alguien me dijo hace poco que una crisis es tan solo un nuevo universo a punto de explosionar a tu alrededor. Lo que parece un final, debe ser el principio de algo que no podemos dejar de descubrir. Todo pozo es insignificante respecto a su cielo consustancial.

Cuatro años de periodismo no han podido volver a convencerme de lo objetivo, de lo comprobable, de imágenes, de ángulos ni de espejos. No han podido convencerme de inercias, de modas, de cuentas corrientes, de estereotipos ni de apariencias colectivas. Porque en la meta de esta carrera, asomarme a la sociedad es como volver la mirada al pozo. Pero sí sigo convencida de que mi misión es la de comunicar. Y ¿cómo contarle yo al mundo sobre una luz -no solamente lejana sino- a la que ni siquiera se atreven a mirar? Tal vez intentado explicarles que es desde este punto, desde este instante, desde esta oscuridad, el lugar perfecto para encender la chispa que haga brillar el planeta, por dentro y por fuera, con la llama heroica de la consciencia individual, personal y transferible.  

Y aquí empieza todo... Si no es ahora, ¿cuándo?

 


¡¡¡ YA SOMOS MÁS DE MIL EN LA FAMILIA!!!



¿Dónde empezó "periodismo cuántico"?

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Trabajo de fin de grado
TFG.Periodismo Cuántico. De la sociedad
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