Gestando la obra

TENGO EL ENORME PLACER DE COMPARTIR CON VOSOTROS QUE ESTOY TRABAJANDO EN LA CREACIÓN DEL LIBRO PERIODISMO CUÁNTICO: DE LA SOCIEDAD AL SER.

 

AQUÍ OS DEJO PUBLICADA LA INTRODUCCIÓN Y QUIÉN SABE SI IRÉ DEJANDO EN ESTA SECCIÓN DE LA WEB ALGUNA PÍLDORA MÁS EN RELACIÓN A ESTE VIAJE DE PALABRAS QUE POR PRIMERA VEZ EMPRENDO.


"Hace tiempo descubrí que solo había dos caminos posibles en esta efímera experiencia a la que llamamos vida: el camino del miedo y el camino del amor. Desde entonces, teóricamente, me alejé del sendero de la ‘buena periodista’, al desechar el miedo como motor del mundo.

Esta bifurcación de la posibilidad, cuya comprensión consciente aún -y en general- se desconoce, me llevó, por un lado, a identificar con olfato periodístico inusual la gran mentira que aceptamos como válida y posible cada día, esta enorme directriz trazada por otros, de potente y carcelario rojo invisible: la sociedad. En dicha palabra tan manida comienza y concluye el miedo, el miedo que los grandes medios de comunicación -entre muchos otros actores- han inoculado en la potente y adormecida mente colectiva. El miedo que se impone con falsas certezas a la verdad, tan perseguida por esos mass media que nos cuentan al detalle “nuestra realidad”.

Por el contrario, cada día tenemos también a nuestra disposición la otra alternativa, la ruta del amor, mucho menos conocida a pesar de su autenticidad; bastante menos morbosa y popular… mucho más responsable; más profunda y transformadora. Esta vía del amor, cuyos alfa y omega hablan inevitablemente del ser humano, nos invita a comprender la verdadera causa y el efecto de estar aquí, así como la utilidad de la comunicación consciente sin apariencias, sin velos ni intereses, en un único planeta con tantos mundos como mentes. No sé a ustedes, pero a mí no se me ocurre nada más importante a lo que pueda comprometerse el periodismo como verdadera arma lícita de evolución global.

Periodismo cuántico se compone de dos palabras que en nuestro lenguaje compartido no tienen aparente cohesión. El lenguaje, como cualquier otro símbolo socialmente aceptado por el grupo, no es sino un acuerdo para la comprensión del mundo. Sin embargo, algo inefable nos ata al intento compulsivo de comprender las palabras que nos atrapan en ideas, para crear nuestro propio escenario hermético y separarnos inevitablemente del resto. De manera más voraz, son otros dos significantes los que sintetizan con acierto la frase anterior: prejuicio e incomprensión. Dejan a su paso un vacío existencial que el conocimiento proporcionado por la información alquímica y la sabiduría intrínseca a cada ser humano -consciente o no de ella- deberían ocupar. De modo que la unión de las partes periodismo cuántico ha sido un ejercicio disruptivo fuera de la “norma”, un significado propio que ya estaba, donde todos y todas cabemos, que fusiona dos etapas de mi vida en cuya evolución, del viaje personal, va emergiendo la imperiosa necesidad de compartirlo con la humanidad.

Siempre tuve sorprendentemente claro que quería ser periodista. A pesar de no reunir infinitas cualidades para el oficio (era tímida, no me gustaban los telediarios, no estaba muy a favor del modus operandi social…), desde pequeña, quienes más allá de mirarme me veían, vislumbraban en mí un talento potencial para comunicar de manera profunda, rigurosa y sin esfuerzo. Con el paso de los años, mi corazón -entendido este como el mayor magnetismo que albergamos para atraer lo que en esencia somos- apostó firmemente por el Periodismo, a modo de certera excusa, acercándome más a ese tipo de información que mi ser denuncia, a esa clase de formación que me permitiera materializar, en gran medida, mis profundas inquietudes humanas hacia la transformación que va más allá de mis horizontes. Pero, como presumiblemente dijo John Lennon, la vida es aquello que te pasa mientras te empeñas en hacer otros planes. En efecto, tuvieron que darse algunas circunstancias incómodas antes de que una titulación oficial y la firma de un Felipe VI recién estrenado dijeran que yo, Estefanía Ríos González, era merecedora de la etiqueta: graduada en Periodismo. Y al final, una aprende que todo ese tiempo en el que no resultó posible involucrarse en aquello que señalaban inconfundibles pulsiones, cada aparente problema personal que me llevaba al ralentí, contribuyó a la fuerza y con maestría a un crecimiento íntimo no exento de dolor ni de experiencia. Sin embargo, el academicismo posterior de la Carrera -que me sirvió para rechazar firmemente lo impuesto y crear algo distinto a lo ofertado- pudo conducirme mucho más allá del valor que se le otorga a cualquier palabra que un rey suscriba. Por esta razón, agradezco y dedico este libro que sostienes, y que soltarás convenientemente, a cada persona y a cada momento de mi vida, pues contribuyeron a ese impulso y a este instante de vivir."